Empezaré siendo sincera. Nadie leerá ésto.
Bien. Soy la niña que un día empezó a escribir por miedo a que sus deseos no se cumplan por decirlos en voz alta y que hoy vuelve a escribir porque un tonto le dijo que escribiendo las heridas se curan.Si.
Soy una chica con heridas.
Heridas abiertas, cortas, largas, profundas, no tan profundas, heridas de la nada o con historia de fondo que llevan la forma de falsas amistades, corazón pequeño,
Soy mis mil caras al día, mis altibajos y la lista de libros pendientes por leer.
Soy la canción que tarareo inconscientemente a lo bajo por miedo a hacer aparecer fantasmas si el volumen sube. Esa canción que aparece sin pensarlo, casi torturando, la que sonaba de fondo cuando las heridas surgían.
Soy el chiste sin gracia que ya nadie intenta explicar, la botella de vodka que luego de vaciarse termina descansando en mil pedazos sobre alguna que otra baldosa.
Si siento miedo, mi ceño fruncido me delata. Mis parpados se tornan color rosa como señal de que no me quedan muchos minutos para romper en llanto y me duele la panza si me encuentro nerviosa.
Así que también soy eso, soy esa chica que no deja de sentir como niña cuyo cuerpo plasma cada dolor del alma. Cada decepción, tristeza, dolor, aparece de algún u otro modo expresado en mi cuerpo, como si existiese una pluma recargada de tinta encargada de perforarme la piel solo para hacerme el acuerdo de que hay cosas que en verdad logran romperme, ahogarme, asfixiarme, quebrarme.Y lo sé.
Lo sé porque sé que soy cobardemente valiente o valientemente cobarde (no lo descifro).
Lo sé porque sé que
soy
khaos
pretendiendo
ser
kosmos.
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